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¿Quién fue Pier Giorgio Frassati, el beato alpinista que pronto será santo?

Un joven en medio de contrastes

Pier Giorgio nació en Turín en 1901, en una familia acomodada. Su padre, Alfredo, era periodista y dueño del diario La Stampa, además de político; su madre, Adelaida, era una pintora reconocida.

Aunque creció rodeado de lujos, nunca se sintió cómodo con las excentricidades de la vida de la alta sociedad, donde la fe se vivía más como moda que como necesidad. Su hermana Luciana sería su confidente en esos años, especialmente cuando comenzó a sentirse distanciado de sus padres.

Académicamente no era brillante, pero logró terminar el bachillerato con los jesuitas. Más adelante eligió estudiar Ingeniería Mecánica, con un interés particular en la rama minera: veía allí una oportunidad para ayudar a los mineros y acercarse a su sufrimiento.

La caridad en lo oculto

Mientras en casa surgían constantes roces con su padre, Pier Giorgio descubría su verdadera vocación: servir a los pobres.

Ingresó a la Conferencia de San Vicente de Paúl, a la Acción Católica y a la Federación Universitaria Católica Italiana (FUCI). Allí encontró un espacio donde su alegría y su deseo de amar a Dios se traducían en obras concretas.

Se volvió conocido entre sus amigos como “Transporte Frassati”, porque siempre llevaba consigo comida, carbón, madera, medicinas y hasta muebles para las familias necesitadas. Lo poco que recibía de mesada lo destinaba a los pobres, mientras sus padres pensaban que lo gastaba en ropa y lujos.

Su vida era una mezcla de oración y acción: devoción a la Eucaristía, amor a los sacramentos y servicio constante a los más vulnerables.

La alegría como sello

Pier Giorgio no era un joven triste ni ensimismado. Al contrario, su caridad estaba acompañada de una alegría contagiosa.

Amaba los deportes, la vida al aire libre y, en especial, el alpinismo. Con sus amigos fundó la “Compañía de los Chicos Fastidiosos”, un grupo que unía bromas, paseos y oración. Allí lo apodaban “Robespierre”.

Incluso en las pruebas familiares y afectivas (como cuando renunció al amor de Laura Hidalgo para no causar problemas en su familia), supo responder con humildad, silencio y esa sonrisa que más tarde lo haría inolvidable.

Una muerte prematura

En junio de 1925, mientras cuidaba de los enfermos, contrajo poliomielitis fulminante. Apenas unos días después, el 4 de julio, falleció con solo 24 años.

El impacto fue enorme. Miles de pobres de Turín, a quienes había servido en secreto, acudieron a su funeral. Su padre, sorprendido por la multitud, confesó entre lágrimas: “¡No conocí a mi hijo!”

Muchos dicen que ese fue el primer milagro de Pier Giorgio: la conversión de su propio padre.

Milagros reconocidos por la Iglesia

En 1933, Domenico Sellan, enfermo de tuberculosis en la columna y paralizado, fue sanado de manera inexplicable tras encomendarse a Pier Giorgio. Ese milagro fue aprobado en 1989 y abrió la puerta a su beatificación en 1990 por san Juan Pablo II.

El segundo milagro ocurrió en 2017, cuando Juan Manuel Gutiérrez, seminarista en Los Ángeles, sufrió un desgarro completo en el tendón de Aquiles. Tras rezar una novena a Pier Giorgio, recuperó la movilidad de manera inesperada, sin necesidad de cirugía.

El “hombre de las Bienaventuranzas”

San Juan Pablo II llamó a Pier Giorgio Frassati “el hombre de las Bienaventuranzas” porque vivió con alegría el amor a los pobres, la pureza de corazón y la misericordia.

Pronto, la Iglesia lo reconocerá como santo.

Canonización

El 7 de septiembre de 2025, en plena celebración del Jubileo, Pier Giorgio Frassati será canonizado en la Plaza de San Pedro, junto con Carlo Acutis.

Un alpinista, un joven común, alegre, apasionado y lleno de fe, será elevado como modelo para toda la Iglesia.

👉 Pier Giorgio nos recuerda que la santidad es posible en la vida cotidiana: en el estudio, en la amistad, en la diversión, pero sobre todo, en el amor concreto a los más pobres.

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